Dirección y mandos
Dónde invertir, cómo priorizar, qué riesgos se asumen y cómo se mide el retorno. Sin necesidad de perfil técnico.
- Hoja de ruta de adopción por fases
- Casos de negocio y estimación de retorno
- Gobernanza, riesgos y cumplimiento
02 — Empresas
La adopción de inteligencia artificial en la empresa española ha dejado de ser una promesa. Los datos del INE muestran que el uso de IA en empresas de diez o más empleados pasó del 12,4 % en 2023 al 21,1 % en 2025, y los estudios de mercado publicados en 2026 sitúan la adopción general muy por encima, con España a la cabeza de Europa. Casi nueve de cada diez organizaciones declaran que buscan eficiencia operativa con IA y una amplia mayoría planea aumentar la inversión.
El problema aparece justo después. Solo una minoría de empresas tiene definido el retorno de esa inversión, y la distancia entre «la compañía usa IA» y «mi equipo usa IA en su trabajo» sigue siendo enorme. Esa distancia no se cierra comprando más licencias: se cierra enseñando a las personas concretas que hacen el trabajo concreto.
El Barómetro de IA y empleo de PwC de 2026 apunta en la misma dirección: el crecimiento de la productividad es notablemente mayor en los sectores y empresas más expuestos a la inteligencia artificial, y las competencias que se piden en esos puestos evolucionan al doble de velocidad que en el resto. Traducido a la práctica: la ventaja no está en tener la herramienta, sino en tener gente capaz de rediseñar su propio trabajo con ella, y esa capacidad se queda obsoleta rápido si no se mantiene.
Meter a todo el mundo en la misma sala es el error más común y el más caro. Un director financiero no necesita aprender a montar un agente; necesita saber qué puede exigirle a su equipo, cuánto debería costar y qué riesgos asume. Un perfil técnico no necesita que le expliquen qué es un modelo de lenguaje; necesita arquitecturas, límites y despliegue. Por eso separamos siempre en tres itinerarios que luego se cruzan en sesiones conjuntas.
Formación por roles
Dónde invertir, cómo priorizar, qué riesgos se asumen y cómo se mide el retorno. Sin necesidad de perfil técnico.
Automatizar lo repetitivo, producir contenido a escala y mejorar procesos con IA aplicada al día a día.
Conexión con sistemas y datos propios, arquitecturas RAG, agentes y despliegue en producción.
Desde el 2 de febrero de 2025 está en vigor el artículo 4 del Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial (AI Act), que obliga a proveedores y responsables del despliegue de sistemas de IA a garantizar que su personal tenga un nivel suficiente de alfabetización en materia de inteligencia artificial. No exige un título ni un certificado concreto: exige que las personas que usan estos sistemas entiendan qué hacen, cuáles son sus límites, qué riesgos implican y qué usos están permitidos dentro de la organización. A lo largo de 2026 se van aplicando el resto de bloques del Reglamento, incluidas las obligaciones de transparencia.
Esto convierte la formación en IA en algo más que una mejora de productividad: es parte del cumplimiento. Nuestros programas incluyen siempre el bloque de uso responsable —qué información puede salir de la empresa, cómo se revisa lo que produce un modelo, cómo se documenta— precisamente porque es lo que la norma espera que el personal sepa.
Un programa típico arranca con el diagnóstico, sigue con una sesión conjunta de nivelación para todos los participantes y se abre después en itinerarios por perfil. Las sesiones se reparten en semanas para que haya tiempo de practicar entre una y otra, y se cierra con una sesión de puesta en común donde cada equipo enseña lo que ha construido. El seguimiento posterior mide la adopción real.
Trabajamos con empresas de cualquier tamaño, pero el enfoque cambia: en una pyme el programa suele tocar a casi toda la plantilla y busca resultados rápidos en tareas muy concretas; en una organización grande se empieza por un área piloto y se extiende con formadores internos formados por nosotros.
El sector en cifras
* Datos públicos del sector, citados con su fuente. Los usamos para situar el contexto, no como promesa de resultado.
Siguiente paso
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